martes, 26 de marzo de 2013

Ciberataque en Corea del Sur se originó desde una IP china




Con acusaciones mutuas de ataques cibernéticos que afectan especialmente las entidades de los Estados y la banca de cada país, las dos Coreas demuestran que la tensión entre los dos países abarca también los sistemas.

El vasto ataque cibernético contra las redes informáticas de varias televisiones y bancos en Corea del Sur ocurrido la semana pasada, tiene su origen en una dirección IP en China, pero la identidad de los piratas está por descubrir, indicaron responsables surcoreanos.

“Unos piratas no identificados utilizaron una dirección IP china para contactar servidores de las seis organizaciones y entidades afectadas y para implantar el programa maligno (malware) que atacó los ordenadores”, declaró Park Jae-Moon, director de redes en el ente regulador surcoreano para las comunicaciones.

Redes paralizadas
El ataque se produjo este miércoles y paralizó las redes informáticas de los principales bancos y canales de televisión. Las redes informáticas de las cadenas de televisión KBS, MBC y YTN, y de los bancos Shinhan y Nonghyu, están “parcialmente o completamente paralizadas”, anunció la Agencia estatal de Seguridad de Internet de Corea del Sur (KISA).

El proveedor de servicios de internet LG Uplus también reportó un daño a sus sistemas informáticos. La falla general se produjo hacia las 14H00 GMT (05H00 GMT). Según un investigador de la unidad cibernaútica de la policía nacional surcoreana, el fallo en las redes fue provocado por un “virus o un software malicioso”, lo que sugiere una operación de piratería informática concertada.

La autoría del régimen norcoreano no ha sido establecida, pero se sospecha que Pyongyang -que ha proferido numerosas amenazas desde que el Consejo de Seguridad de la ONU votó sanciones en su contra- orquestó dos grandes ciberataques contra Corea del Sur en 2009 y 2011.

Puede ser Corea del Norte
Administraciones públicas e instituciones financieras fueron el blanco privilegiado durante estos reiterados ataques.

Pero la ofensiva cibernética contra la Federación Nacional de Cooperativas Agrícolas (Nonghyup) ha sido la más nefasta. En abril 2011 fueron borradas las cuentas de unos 5,4 millones de titulares de tarjetas de crédito, haciendo imposible para el banco cobrar a sus clientes o pagar a los comerciantes.

“No excluimos la posibilidad de que Corea del Norte esté implicado, pero es demasiado pronto para afirmarlo”, dijo un portavoz del ministerio de Defensa, Kim Min-Seok, tras los incidentes del miércoles.

La red de cajeros automáticos y los servicios en línea del banco Shinhan sufrieron graves complicaciones. Sin embargo, su sistema informático fue parcialmente restaurado dos horas después.

Acusan a Seúl
Por su parte, un sindicalista de la cadena de televisión KBS indicó que todos los computadores del canal se apagaron de forma simultánea. “Seguimos difundiendo, pero los periodistas tienen dificultades en enviar sus temas porque no puedes entrar en el sistema”, explicó.

Pyongyang acusa también a Seúl de proceder a este tipo de ataques. La semana pasada, el régimen denunció ciberataques “prolongados e intensivos” contra varios sitios oficiales, entre ellos el de la agencia oficial de noticias norcoreana (KCNA) y de la compañía aérea Air Koryo.

Fuentes de los servicios de inteligencia de Corea del Sur, citadas por la prensa, estiman que 3.000 informáticos norcoreanos son movilizados en esta guerra cibernética. En apariencia, el Sur y el Norte -que técnicamente siguen en guerra al no haber firmado un tratado de paz al final de la guerra de Corea (1950-1953)- no cuentan con las mismas capacidades.

Las redes de telefonía móvil de Corea del Sur están entre las más extensas del mundo, las velocidades de transmisión entre las más rápidas y el fabricante de teléfonos móviles Samsung domina el mercado mundial.

Por su parte, Corea del Norte -país que ha vivido recluido por más de seis décadas- dispone de un modesto servicio de intranet que da acceso a informaciones previamente filtradas por los servicios de propaganda. Pocos norcoreanos, entre ellos la élite del régimen, gozan de un acceso a internet sin restricciones.